¡Me robaron!

El silencio en este blog ha sido interrumpido hoy. como ya he mencionado en otras oportunidades y cada uno de mis regresos a las andanzas bloggeras, la vida tiene una forma bastante absoluta de arrebatar toda la atención que poseo pero en esta oportunidad al menos unas líneas son requeridas.

Confío en que eres un lector(a) muy inteligente, después de todo estás en mi blog y si eso no es evidencia y refutable de tal afirmación no se qué otra prueba requiere el mundo para concederte a ti un Oscar por aparentar normalidad y para concederme a mi un Pulitzer por las contribuciones, que sin duda alguna mi arduo trabajo en, esta página ha proporcionado a la humanidad, el mundo y sus alrededores intergalácticos.


Alvar Aalto - Savoy Vase, 1936
Todo comenzó una tarde como cualquier otra en la cual me dirigía a mi hogar con la simple intención de cambiarme de ropa para ir cómodamente a la Exhibición MashUp de la Galería de Arte de Vancouver, porque aparentemente ahora soy así de interesante, educado y elegante, con el único objetivo de ir a deleitarme al mostrar mi ignorancia artística al ver las maravillosas obras de mentes que van desde principios de Siglo XX hasta la actualidad y decir que eso no es arte y que no entiendo porque hay un tazón de vidrio que parece que un Dugtrio fue moldeado en cristal sin oportunidad de decir "No" - Recuerden que el consenso es lo más sensual de toda... expresión artística -.

Al llegar, cuál sería mi sorpresa al encontrar el marco de la puerta del sótano donde vivo alquilado en un estado lejos de funcional y trozos de madera, resultado de su ruptura a manos de algún amigo de lo ajeno, esparcidos por el piso. No fue muy complicado saber de ante mano que mis propiedades eran hoy menos que ayer, y que debería estar agradecido por tener lo que aún me quedaba.

Al entrar a mi cuarto, las prendas de ropa, que yo había organizado encima unas de otras mientras esperaba que fueran suficientes para una lavadora, se encontraban en el suelo, gavetas abiertas y tiradas al piso demostraban que el perpetrador estaba buscando algo, cualquier cosa de valor para llevarse en un instante y por su puesto no encontró nada, pues, porque soy pelabola, lo sabes tú, lo sé yo pero no lo sabía él (o ella, yo no tengo porque discriminar, las mujeres pueden hacer todo lo que un hombre de igual manera #Feminismo), de haberlo sabido, no entraba a mi casa. pero lo que sí encontró, para mi dolor, fue mi laptop y ni corto ni perezoso la tomó junto a una bolsita de tela que él pensaría tendría algunas joyas variadas en su interior observando que al tacto parecía contener rocas preciosas, y antes de salir, al ver la puerta que ahora haía perdido el objetivo único de su función: mantener extraños fuera, vio también un par de zapatos que tenían conmigo más de 8 años que decidió expropiar sin pena alguna.

Por supuesto, contacté con la policía, en estos países del primer mundo, reportar crímenes ante la ley es algo así como obligatorio, un concepto que me tomó unos momentos asimilar pero con la esperanza de extranjero que vivió donde un robo es cotidiano y no es algo por lo cual alarmar a nadie, marqué el tan reconocido 9-1-1 por tercera vez en mi vida (Lee la 1ra Aquí, y la 2da Aquí).

Rápidamente, me contestó un hombre, me transfirió a al estación de policía y allí un oficial me dijo las palabras que aún hoy me confunden un poco "¿Estará Ud. allí para esperar que llegue la policia?" y a pesar de que quería ir a la Galería de Arte mi mente se preguntó "De bolas, ¿a dónde coño más voy a estar yendo si se metieron en mi casa a los coñazos y me robaron?" a lo que respondí: "Sí" con tono sereno y paciente.

Los segundos de espera se convirtieron en minutos y estos a su vez en horas, pero la convicción del primer mundo me mantenía al pié, sin tocar nada, porque yo he visto películas y allí siempre dicen que hay que dejar todo tal cual lo dejó el criminal para no alterar la escena, para que las autoridades puedan recaudar la mayor cantidad de información y atrapar así al malhechor.

Llegó el oficial, quien revisó la escena y procedió a realizar una serie de preguntas que consistían más que todo en que yo hiciera su trabajo: "¿Dónde será el mejor lugar para que dejara las huellas?" a lo que respondí señalando la obvia manilla de la puerta de mi cuarto, las gavetas en el suelo, la ropa movida, las puertas abiertas, etc.

"Esas superficies no son buenas para recolectar huellas" fue su respuesta y mientras escribo estas palabras siento un leve aneurisma formarse en mi cabeza. Aparentemente, tocar las cosas no es suficiente para conseguir huellas también hay que tocar la cinta adhesiva forense que tienen los policías porque de otra forma no hay manera de obtener información alguna. Así que a embalar todo en plástico para facilitar el trabajo policial.

Para terminar, pregunté que tipo de cosas podría hacer para prevenir que estas cosas se repitan en el futuro y luego de una breve inspección de mis aposentos, concluyó que ya tenía todas las cosas posibles y que "Quien quiera entrar en tu casa a la fuerza, lo logrará" y al pronunciar esas palabras, como si un antiguo conjuro celta se activara, mi alma se sintió en casa porque la ineptitud de policíaca no tiene bordes ni fronteras y se extiende más rápido de la velocidad de la luz a través de culturas.

Existen un par de moralejas pajúas que tengo en mente y espero dedicarles una entrada posterior a ellas pero por ahora sólo nos queda saber que:

Mientras más cambian las cosas más siguen igual.

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